El Mercurio 9 de enero 2020

El Mercurio 9 de enero 2020

  • Categoría de la entrada:Noticias

Rocío Espinoza, de Fundación Amulén:

“Cuando partamos con el racionamiento de agua en Santiago, la gente va a tomar conciencia de que estamos con la soga al cuello”

Un panorama complicado es lo que ha provocado la crisis hídrica en el país, en donde las zonas más afectadas por la falta de agua son coincidentemente algunas de las comunas rurales más pobres, algo que determina el informe ‘Pobres de agua: Radiografía del agua rural de Chile’.

‘No sirvo para no hacer nada y no puedo quedarme solo en mi casa’, dice Rocío Espinoza, quien cuenta que estando en Estados Unidos acompañando a su marido mientras él estudiaba un posgrado, decidió hacer un diplomado en Non Profit en la Universidad de Duke, lo que llevaría a esta ingeniera industrial a terminar trabajando a su regreso a Chile en Amulén, fundación que elabora proyectos que proveen agua a comunidades carentes de este recurso, y que saca hoy un estudio detallado que establece la relación que existe entre los sectores agrícolas más pobres del país y la crisis hídrica.

Bajo el título de ‘Pobres de agua: Radiografía del agua rural de Chile’, la investigación, realizada junto a la UC, muestra que en Chile hay más de un millón de personas que se abastecen de agua a través de fuentes informales como pozos (58%), ríos (25,8%) y camiones aljibe (15%). Es decir, un 84% del abastecimiento informal depende de pozos o ríos que se ven directamente afectados por la sequía. De acuerdo a su directora ejecutiva, ‘Tiltil tiene 260 mil litros recorriendo la comuna todos los días. Lo que hace que sean 26 camiones aljibes, que es mucha plata diaria. Eso es una locura’.

Para poder mejorar las condiciones, lo que han hecho es trabajar desde la innovación, fomentando soluciones como máquinas que sacan agua del aire. Según Rocío, ‘ahora tenemos un mapeo y dependiendo de la cantidad de agua y del grado de innovación que queramos hacer, está el mundo de soluciones que se pueden realizar. En Tiltil y San Pedro de Melipilla instalamos una máquina que saca agua del aire, lo que parece una locura, pero produce 900 litros diarios usando paneles solares, teniendo un costo cero para el liceo donde está, convida electricidad, y con ella los alumnos toman agua y las manipuladoras de alimentos sacan el agua de ahí’.

—¿De qué forma la carencia de este recurso básico afecta en lo económico, la salud, educación y equidad de género?

‘En lo económico, si voy a la comunidad de Alhué, donde reciben 50 litros de agua a la semana (lo que equivale a una ducha de 15 minutos) para vivir, cocinar, comer y hacer todo, es imposible que les dé para tener una segunda labor productiva con animales. Yo lo encuentro hasta de mal gusto cuando van a hacerles capacitaciones de cómo mantener el huerto, cuando no tienen agua y los invernaderos están cerrados. Desde el punto de vista de la salud, el 85% del agua de pozo o de río no son aguas tratadas, y están en zonas agrícolas donde se usan pesticidas que percolan. Las zonas agrícolas tienen una alta tasa de cáncer por los pesticidas. Sobre equidad de género, esto es 100% mujeres y niños, ya que los hombres se van al campo a trabajar y las mujeres se encargan del aseo de la casa, de cocinar y realizar tareas que utilizan agua. En Galvarino (IX Región), hace unos meses, se detectó que los niños no iban la escuela porque tenían que acompañar a la mamá a buscar agua al río; otros estaban enfermos porque habían tomado agua, y otros no tenían ni agua para ir al colegio. Es ahí donde te das cuenta de que todo gira en torno al agua. Es súper dramático, pero real’.

—¿Cómo se relaciona la sequía y la escasez hídrica con la pobreza de un determinado lugar?

‘En el fondo, las zonas rurales que no tienen agua son las más aisladas. El Estado define que las zonas rurales son concentradas, semiconcentradas o dispersas dependiendo de qué tan juntas están las casas. Cuando están muy juntas, el MOP puede hacer inversiones porque la rentabilidad social les da, que es lo que les exige el Ministerio de Desarrollo Social. En las semiconcentradas a veces alcanza y a veces no, lo que hace que tengas un 40% que tiene agua y un 60% que no la tiene. En las dispersas sencillamente no tienen agua. Entonces, estas zonas cada día se van quedando ‘abajo de la micro’, porque no tienen una economía para salir adelante. Efectivamente, estas zonas se van quedando con menos servicios, menos fuentes laborales, y no tienen cómo salir de ese círculo’.

—¿Cuáles son las comunidades rurales que presentan problemas de suministro de agua potable más dramáticos y dónde, como fundación, planean intervenir?

‘Las de la IV Región son lejos las más afectadas, como Andacollo, Salamanca, Río Hurtado y Combarbalá, comuna en la que yo escuché decirle a un ministro que él pensaba que el estallido social iba a ser por el agua. Me encantaría hacer algo en alguna comuna de dicha región que esté en la costa con una planta desaladora chica que permita empezar a hacer cosas distintas e innovadoras. En lugares como Tiltil si tenemos algo de agua se puede hacer un Programa de Agua Potable Rural (APR) o derechamente usar una máquina que la saque del aire o seguimos con el camión aljibe. En otras zonas podemos sacar agua desde el mar o usar las aguas lluvias, lo que hace que podamos empezar a jugar con la innovación fuertemente. Junto con dichas localidades de la IV Región están muy afectadas otras de la V, como Petorca, San Felipe y La Ligua’.

—¿De qué forma el cambio climático está afectando y agudizando el problema de la sequía y qué se puede hacer para contrarrestar sus efectos?

‘Yo creo que lo que nos pasó a nosotros es que el cambio climático avanzó más rápido que el cambio de mentalidad. Seguimos creyendo que el agua era un recurso ilimitado. En el año 1980, cuando se hizo el Código de Aguas no había sequía, entonces los derechos de agua efectivamente eran sobre un caudal, porque no se iba a acabar, pero el cambio climático avanzó tan rápido que no fuimos lo suficientemente precavidos para hacer inversiones y prevenir un poco esto. Ahora, ya estamos hasta con la soga al cuello, porque hasta la Región Metropolitana tiene el embalse El Yeso a un 20%. A mí me pasa que ya se acabó el tiempo del diagnóstico y hay que empezar a hacer. No hay muchas fundaciones de agua, pero nos corresponde llevar a cabo lo que el Estado no puede hacer. Por lo que necesitamos la innovación como un partner para dar soluciones rápidas, porque, además, los embalses son lentos de construir’.

—Jonathan Barton, profesor del Departamento de Geografía de la Universidad Católica e investigador del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable, señaló en una entrevista que ‘debemos tener estrategias muy profundas sobre el ahorro de agua’. ¿Qué tan urgente se hace desarrollar medidas concretas?

‘No tiene sentido regar con agua potable. Tú paseas por las municipalidades —sobre todo las con más recursos—, y ves regando a las tres de la tarde. Uno se pregunta si eso es una broma, porque pareciera que no existe conciencia de que se nos está acabando el agua. ¿Acaso no saben que el embalse El Yeso está a un 20%? Es algo impresionante. Cuando empecemos con el racionamiento de agua en Santiago, la gente va a tomar conciencia de que estamos con la soga al cuello. Tenemos que tener conciencia de que el agua es un recurso escaso y que hay gente que no tiene el placer de ducharse, porque se baña con baldes. Por otro lado, no hay una política clara en temas de alcantarillado. No puede ser que las comunas de Tiltil o Colina no tengan alcantarillado. En Colina la fosa municipal de aguas servidas la limpian siete veces al día. Lo que es una vergüenza. Pirque, lo mismo. Falta una institucionalidad, porque no hay nadie que defina nada. Si ves las mesas de trabajo, hay 40 diputados, cuando debiesen estar académicos. Gente con conocimiento, con información y datos que sepa lo que está pasando en el mundo, qué buenos modelos existen y a quién podemos mirar’.

El informe ‘Pobres de agua: Radiografía del agua rural de Chile’ muestra que en Chile hay más de un millón de personas que se abastecen de agua a través de fuentes informales. Es decir, un 84% del abastecimiento informal depende de pozos o ríos que se ven directamente afectados por la sequía.

‘No tiene sentido regar con agua potable. Tú paseas por las municipalidades —sobre todo las con más recursos—, y ves regando a las tres de la tarde. Uno se pregunta si eso es una broma, porque pareciera que no existe conciencia de que se nos está acabando el agua’.